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Retraso simple del lenguaje

octubre 4, 2019

La comunicación forma parte de la vida cotidiana y permite el desarrollo de las relaciones sociales armónicas y enriquecedoras. Desde el nacimiento los bebés emplean diversos mecanismos para trasmitir lo que necesitan, sin embargo, a medida que crecen la situación cambia y deben aprender a hablar.

Por lo general, se da por sentando este proceso tan importante. Las primeras palabras están llenas de gracia y emoción, aunque sean pronunciadas erróneamente. No obstante, a medida que los pequeños crecen es vital que se expresen bien para evitar la transmisión de mensajes confusos.

¿Qué es el retraso simple del lenguaje?

El lenguaje está relacionado con el aprendizaje, a medida que el infante crece la curiosidad se incrementa y el anhelo por conocer todo a su alrededor también. Esta fascinante fase ha llenado de mucha satisfacción a los niños, sobre todo cada vez que adquieren conocimientos que son novedosos para ellos, y más aún, al darse cuenta por sí mismos que son capaces de comunicarse de forma verbal.

Ahora bien, en ocasiones surgen ciertas alteraciones leves que dificultan la evolución de este proceso. Si un niño es incapaz de expresar con palabras lo que siente o piensa, o decide permanecer callado porque no sabe cómo hacerlo, es muy probable que se enfrente al trastorno específico del lenguaje.

A diferencia de otras problemas, los niños con retrasos leves son capaces de tener una aceptable comprensión de su entorno, solo que les cuesta expresarse. Por lo general, están descartadas otras patologías como la sordera, deficiencias intelectuales, afasia, desórdenes emotivos o incluso el espectro autista.

Ahora bien, el retraso madurativo impide que los niños alcancen el logro de objetivos esperados según los parámetros que han sido fijados por los expertos y considerados normales con respecto a su edad, esto incluye las áreas motoras, cognitivas, de comunicación y expresión.

¿Cómo detectar el retraso de lenguaje en los niños?

Si bien es cierto que cada niño evoluciona de manera distinta y el ritmo de aprendizaje cognitivo varía, existen ciertos indicadores que determinan si el desarrollo que evidencia está fuera de lo normal o no es acorde a su edad cronológica. En algunos casos la comunicación verbal es nula o tardía, en otros, aparecen las expresiones con mayor lentitud.

No existen personas que sean más capaces de detectar si algo está mal que los padres o cuidadores responsables. La cercanía constante facilita la evaluación de los logros alcanzados y las limitaciones de sus propios hijos. La recomendación inminente es estar alerta y reconocer los siguientes factores:

  • Las primeras palabras aparecen entre los 12 y 18 meses.
  • El empleo de señalizaciones sin vocalizar.
  • A los 2 años se le entiende la mitad de lo que dice.
  • Tras cumplir los 3 años el niño utiliza una sola palabra para comunicarse, esto se conoce como holofrase. Aunque forma parte de la adquisición primaria del lenguaje, después se considera inapropiado.
  • La producción de sonidos desordenados o con incapacidad de ordenar un conjunto de palabras.
  • Imposibilidad de utilizar el pronombre yo desde los 3 años.
  • Omisión de sílabas y presencia de habla infantilizada.
  • Problemas con los verbos, uso de plurales, artículos y construcción de frases complejas.

En ocasiones, este trastorno colinda con otras características específicas como la discapacidad motora, problemas de motricidad fina, preferencia por un lado de su cuerpo y el deficiente aprendizaje de nuevos conceptos.

¿Por qué es importante detectarlo a tiempo?

Ante estas señales los padres evitan que su juicio se nuble y reconocen el problema con prontitud, darle largas suele ser improductivo y contraproducente. Mientras más rápido se detecte este tipo de retraso, más fácil será corregirlo. Asimismo, no hay que olvidar que los niños aunque sean pequeños, son seres humanos autónomos y evolucionan de forma independiente con el paso de los años, es imposible protegerlos de todo lo que los rodea.

Por el contrario, hay que prepararlos para los distintos desafíos que enfrentarán. El retraso en el habla influye en la autoestima del niño, afecta las relaciones con los compañeros, familiares o amigos contemporáneos, fomenta el aislamiento por temor a la burla y repercute en el fracaso académico.

No hay que olvidar que si el niño no puede manifestar lo que piensa, siente y necesita, aumenta el riesgo de que sus derechos sean violados. La incapacidad de expresión genera frustración, impide el adecuado aprendizaje, limita la vida social y originan conductas que alteran el desarrollo normal del niño.

Sería descuidado no prestar atención a algunas de estas señales y retrasar el tratamiento necesario para corregir las dificultades manifiestas. En muchos casos, las consecuencias suelen ser devastadoras y afectan irremediablemente hasta la edad adulta.

Ante las sospechas de retrasos leves del lenguaje es urgente buscar ayuda psicológica, a fin de evaluar a profundidad los aspectos alterados y diseñar planes ajustados a los requerimientos particulares, cuyo objetivo sea subsanar las debilidades y nivelar al menor.

La estimulación temprana

Las habilidades comunicativas se aprenden desde antes del nacimiento, ya en el vientre de la madre los bebés son capaces de interactuar y recibir la estimulación lingüística. Para fomentar el bienestar y estrechar los vínculos afectivos hay que emplear determinadas técnicas durante la etapa inicial de los niños que tengan entre 0 y 6 años.

El sistema nervioso fue diseñado a la perfección y en la fase inicial de la vida son significativas las probabilidades de regenerarse, cambiar el funcionamiento de las estructuras moleculares y las diversas reacciones con respecto al entorno. En pocas palabras: es indispensable aprovechar el tiempo de la edad precoz.

En el pasado se le prestaba muy poca atención a los aspectos del habla de los infantes. Numerosas investigaciones han coincidido en que la estimulación temprana es ideal para revertir trastornos variados, en especial los relacionados con la locución.

Acciones para mejorar el retraso simple del lenguaje

Después que los especialistas han realizado el diagnóstico y presentan el plan de trabajo, lo que queda es actuar.  Quedarse de brazos cruzados no cambiará las cosas, la corrección del trastorno específico del lenguaje sugiere la aplicación de varias acciones.

El núcleo familiar las impulsa de manera sincronizada con el grupo médico a cargo, cuya meta se orienta a superar las dificultades presentes. A continuación, se despliega una lista de tareas que han dado buenos resultados:

  • Hacer que el niño enfoque su mirada en el adulto si este le habla, de tal manera que le sea más sencillo copiar las expresiones.
  • Articular correctamente, sin diminutivos.
  • Hablar pausado.
  • Llamar al niño por su nombre.
  • Promover la cercanía con otros infantes, incorporarlos al sistema escolar primario lo más pronto posible.
  • Sostener conversaciones en tonos agradables y acordes a la edad.
  • Practicar con regularidad la lectura.
  • Comentar todas las actividades en ejecución y por ejecutar.
  • En todo momento conversar sobre el nombre de los objetos y demás elementos presentes en el entorno, explicar en qué consisten y para que se utilizan.
  • Presentar imágenes coloridas con textos cortos a favor de la extensión del vocabulario.
  • Fomentar la repetición vocal con el uso de canciones.
  • Repetir las frases mal pronunciadas de manera correcta sin hacer alusión de que lo hizo mal.
  • Proporcionar el modelo a seguir.
  • Fomentar la independencia, evitar hacerle todo a los niños.
  • No interrumpirlos en el momento en que hablan.

Actividades de estimulación

En los métodos arcaicos predominaba el castigo como forma de disciplina y atención, esto generaba daños psicológicos nada positivos. En la actualidad, múltiples actividades y juegos didácticos han sido diseñados para llamar la atención de los niños y estimular el desarrollo de sus habilidades generales, no hay nada más divertido que aprender jugando.

Es tanto así, que los juegos figuran como la base del aprendizaje, los tratamientos que dispensan los terapistas de lenguaje se fundamentan en éstos y garantizan el éxito. A que niño le disgusta escuchar cuentos, cantar canciones, observar fotos, reírse con marionetas y títeres, emplear grabadoras de voz, practicar ejercicios con la lengua y otras tareas divertidas. Para esto solo es necesario ser creativos.

También están ciertas técnicas de estudio ideadas para facilitar el aprendizaje y ampliar los niveles de concentración y atención. Las rutinas y la aplicación de estrategias educativas prometen resultados favorables, sobre todo ante la presencia de trastornos simples del lenguaje.

Trabajo en conjunto

De nada sirve acudir a expertos en la materia y recibir horas de asesorías con múltiples consejos sobre cómo estimular la comunicación oral, si al llegar a la casa se engavetan todas las recomendaciones. Para presenciar cambios significativos, los responsables manifiestan absoluta seriedad en la aplicación de las sugerencias que han recibido.

La integración del niño en este trabajo es fundamental, forzarlo a participar y a expresarse no es la estrategia más acertada, es esencial atraerlo con gusto y que su participación sea voluntaria. Contrario a lo anterior, la idea tampoco es entretenerlo con un cúmulo de juegos y olvidar por completo el objetivo primario de fortalecer y enmendar el problema de lenguaje que padece, ni un extremo ni otro.

La comunicación es tan amplia que está presente en todas las actividades diarias. En tal sentido, cualquier momento es una excelente oportunidad para estimular el lenguaje de los infantes y corregir las deficiencias a que hubiere lugar.

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