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La disgrafía

octubre 11, 2019

El vocablo disgrafía engloba a diversas dificultades relacionadas con la escritura que no siempre tienen el mismo origen ni se manifiestan con los mismos síntomas. En cualquiera de sus casos hace referencia a limitaciones en las imprescindibles habilidades para generar la escritura.

Esas limitaciones se manifiestan en las diferentes maneras de producir la escritura, bien sea a mano o mecanografiada en sus diferentes soportes y en la ortografía. Lo que sí debe tenerse claro es que es un trastorno específico que dificulta o impide que se escriba correctamente.

Hay de diferentes tipos, pero jamás deben confundirse con el retardo del aprendizaje de la escritura, ya que este se debe a razones personales o ambientales en entornos familiares problemáticos. Menos aún debe confundirse con trastornos de la coordinación motriz, cuyas causas son de otra índole.

¿Qué es la disgrafía?

Es un trastorno del aprendizaje que consiste en la dificultad o incapacidad en el proceso de la escritura. La escritura es esa compleja conjunción de habilidades motrices y de procesamiento de información, pero que puede verse afectada y causar dificultades para expresarse por escrito, pésima caligrafía y ortografía.

Entre sus manifestaciones están los problemas para la organización de números, letras y palabras en un renglón o en toda una página. En cualquiera de sus casos es una condición que generalmente se presenta en los niños, impidiéndoles que escriban correctamente.

Se la tipifica en el grupo de trastornos del aprendizaje que perjudica específicamente la expresión escrita, con todas las secuelas en el proceso de formación del ser humano. Lo que sin duda afecta la capacidad de comunicación, de organización en general y de progreso académico.

Durante la infancia es muy necesario prestarle la debida atención cuando puedan manifestarse posibles síntomas de la disgrafía. Sus consecuencias son sumamente negativas, al punto de generar problemas de interacción, de conducta y estados anímicos depresivos que en nada favorecen el normal desarrollo de la personalidad.

Lo mismo que sucede con otras discapacidades o dificultades del aprendizaje, representan un desafío para toda la vida, que puede ser superado paulatinamente con determinados cambios en el ambiente familiar y escolar, junto con prácticas de la habilidad de escribir recomendadas y supervisadas por un especialista en este tipo de trastorno.

¿Cómo saber si el niño padece de disgrafía?

Esta dificultad para la escritura en algunos niños se hace evidente desde el mismo momento en que se comienza el aprendizaje. Aunque es normal que cuando se empieza el aprendizaje de la escritura se confunden ciertas letras, se escriben de diferentes tamaños, se escriba lentamente o se excedan las palabras de los límites de los renglones, pero si todo eso persiste con el pasar del tiempo es muy probable que se trate de un caso de disgrafía.

Mientras más pronto se detecte, con mayor facilidad podrá encontrarse el tratamiento adecuado para que el niño no padezca deplorables resultados en su desarrollo afectivo e intelectual. Por eso es muy importante una paciente observación del niño y saber si no presentan algunas dificultades o síntomas, como las siguientes:

  • La escritura no es uniforme. Las letras son de diferentes tamaños, unas más grandes que las otras.
  • Se escribe con mucha lentitud, rigidez y esfuerzo por la dificultad de trazar en el papel la imagen que de cada letra se tiene.
  • No se ejerce la presión apropiada con el lápiz sobre el papel.
  • En muchos casos se asumen posturas incómodas y difíciles para escribir.
  • Dificultad para escribir en línea recta o ajustar las palabras en el espacio indicado.
  • Es muy notoria una rigidez motora o todo lo contrario, como lo es una laxitud excesiva.
  • Se mueve el brazo con mucha lentitud con sus respectivas consecuencias negativas, probablemente por algún inconveniente de psicomotricidad.
  • Al darse la dificultad para escribir, esta trae aparejada mucha fatiga o cansancio físico y mental. Lo que a su vez produce en el niño estados de frustración e incluso de negligencia.
  • Y es muy notoria si se notan demasiadas complicaciones a la hora de redactar o seguir dictados.

Como puede verse, se tratan de síntomas muy evidentes o que permiten ser detectados con relativa facilidad. Y es oportuno aclarar que no es en sí misma un trastorno neurológico.

Queda de parte de los padres no descuidar al niño y que se busque la ayuda profesional que se requiere para su tratamiento en las mejores condiciones para evitar toda perturbación conductual a corto o largo plazo.

Cómo actuar ante la disgrafía

Ya detectada la disgrafía o que por lo menos se sospecha que el niño la padece, debe consultarse a un especialista, que confirmará si la sospecha no es infundada y realice el diagnóstico correspondiente. De confirmarse, dará las pautas para el tratamiento con el pleno apoyo y participación de los padres y de quienes conforman el ambiente escolar.

Por fortuna, hoy en día se dispone de diversas herramientas y estrategias que ayudan a los niños a superar las dificultades de este trastorno y contribuyen al mejoramiento de las habilidades de la escritura. Y mientras más temprano se comience será mucho mejor, con lo cual será posible evitar que se vea afectado el aprendizaje y el desempeño escolar.

En la disgrafía tratamiento se basa en ejercicios específicos para este trastorno y en el entrenamiento y técnicas apropiadas para compensar las desventajas que afectan al niño, sin que se produzca en ningún momento frustración y cansancio. Siempre lo ideal es un programa educativo personalizado, tanto en el hogar como en el centro educativo.

Este tipo de tratamiento está conformado por ejercicios para mejorar la coordinación fina y la fuerza de la mano. Y estos deben ir acompañados de ciertas modificaciones y adaptaciones en la postura para escribir, la manera de coger el lápiz con diferentes instrucciones para escribir a mano, muy específicas y personalizadas. También se incluyen ejercicios para teclear en el ordenador con la destreza que se requiere.

Mucho se puede ayudar en casa, principalmente mostrándole al niño la mejor disposición para ayudarlo y ofrecerle justos reconocimientos para reforzarle la autoestima y que sienta que no está solo al afrontar su trastorno.

Por su parte la escuela puede ayudar al ofrecer apoyo tanto en lo afectivo como programas adaptados para la escritura de los niños con disgrafía. Se trata de un plan personalizado, pero coordinado entre el hogar y la escuela.

En el aula pueden realizarse ejercicios y actividades de mucha amenidad hasta el punto de llegar a ser de carácter lúdico, con el propósito de que se mejore la coordinación manual y general, se adopten posturas idóneas para el acto de escribir y sean más coordinados y espontáneos los movimientos de las manos y de los dedos.

Básicamente se trata de ofrecerle al niño la mejor vía para que el aprendizaje no sea un camino tortuoso y lleno de malos momentos, al tiempo que no vea mermada su autoestima.

Diferencias entre la disgrafía y la dislexia

Aun cuando entre la dislexia y disgrafía hay notables diferencias, es común pensar que son uno solo con diferentes manifestaciones. Suelen ser confundidos sobre todo por la falta de información adecuada y porque muchos casos no son considerados con toda seriedad, desestimándose sus derivaciones.

La diferencia básica es que la dislexia es una dificultad para el aprendizaje de la lectura, y la disgrafía es una dificultad en la acción de escribir. No obstante, en la dislexia puede presentarse de manera que resulten afectados el habla, la escritura y la ortografía.

Puede decirse que la disgrafía forma parte de la dislexia, pero no al contrario. El niño o persona con dislexia no ve o escucha bien un texto y por eso tiene problemas al escribirlo. En el caso de quien la padece escucha como una persona normal, pero se le presentan problemas es al tratar de escribirlo, como le sucede a los niños con este trastorno cuando se trata de coger dictados.

En las actividades dislexia se presenta una gran dificultad para separar o distinguir los sonidos en las palabras habladas, mientras que en la disgrafía la dificultad se presenta la gramática, la ortografía y cuanto sea el caso llevar a lo escrito lo que se piensa.

En la disgrafía ejercicios se dificultan, como coger el lápiz correctamente, la puntuación es incorrecta y las oraciones son mal construidas. En la dislexia no se entiende cuanto se ha leído, se confunde el orden de las letras y es demasiado problemático el seguimiento de instrucciones orales.

Dado que presentan síntomas muy parecidos o incluso aparentan ser iguales, es de suma importancia el consultar a un especialista de reconocida trayectoria y actualizado en su área de conocimiento para que el tratamiento a seguir sea el adecuado en uno u otro de estos dos trastornos.

Diferenciarlos es de vital importancia para que las terapias, técnicas y entrenamientos concebidos para cada una de estas sean lo más específicas posibles y no sumen problemas mayores. Debe recordarse que el impacto en lo social y en lo emocional debe evitarse a como dé lugar, si quiere evitarse que se generen graves problemas de conducta.

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