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Dificultad para hablar

septiembre 20, 2019

El ser humano es comunicativo. Palabras, ademanes, muecas, olores, sonidos e incluso distancias, son utilizados para obtener datos e información sobre los pensamientos, motivaciones y acciones de los demás. La forma de expresión más significativa es el lenguaje, el cual se manifiesta a nivel oral por medio del habla.

Esta capacidad de comunicación es fundamental para la vida. La misma se desarrolla a través del tiempo, pasando de formular simples palabras sueltas con intencionalidad hasta construir extensas obras escritas. No ocurre lo mismo en todas las personas. En algunos, esta capacidad puede retrasarse o alterarse ocasionando trastornos del habla.

Qué es el trastorno del habla

Cada persona, en especial los niños, tienen un ritmo diferente de desarrollo que debe respetarse. Cuando un niño no alcanza el nivel de desarrollo en el momento indicado, es normal que los padres se preocupen.

Estas alteraciones del habla han sido estudiadas por diferentes ciencias, entre ellas la medicina y la psicología. A partir de dichos estudios se han conceptualizado distintos tipos de trastornos relacionados con el habla.

¿Qué es exactamente un trastorno del habla? Es una afección que ocasiona problemas para formar o crear los sonidos del habla indispensables en el desarrollo apropiado del lenguaje oral y la comunicación. En otras palabras, son dificultades o retrasos en la capacidad para hablar.

Por ejemplo, un niño puede presentar problemas en la comprensión del lenguaje, lo que a su vez dificultad la comunicación. También pudiera tener problemas para pronunciar correctamente las palabras o hablar con fluidez. En otros casos, los trastornos del habla pudiesen incluir ceceo o tartamudez.

Las dificultades para hablar más comunes son fonológicos, articulatorios, trastornos de la voz o falta de fluidez. Son distintos de los trastornos del lenguaje en el caso de muchos niños. Los trastornos del lenguaje y del habla se consideran categorías distintas de los trastornos de comunicación. No debe confundirse con problemas de lectura o dislexia fonológica.

Los trastornos del lenguaje describen mejor las dificultades para comunicar a otros un mensaje o significado (lenguaje expresivo) o, por el contrario, para entender el mensaje que proviene de otra persona (lenguaje receptivo).

Precisar la causa puntual de que un niño presente una dificultad para hablar puede ser difícil de saber antes de los primeros 3 años de edad. No se considera motivo de alarma que un niño empiece a hablar más tarde que otros o no se exprese tan bien ni hable tanto como los demás.

Desde los 4 años de edad, pueden presentarse también este tipo de dificultades en niños con otras dificultades del desarrollo, problemas de aprendizaje, pérdida de audición o trastornos del espectro autista (TEA). Hacer un diagnóstico correcto de las causas del problema es vital para corregir cualquier dificultad.

Síntomas de trastorno del habla

Lo que verdaderamente ayuda a hacer una correcta evaluación del problema, así como el grado de dificultad que presenta un niño con esta afección, son los síntomas o señales que este manifiesta.

Se pueden diferenciar distintos síntomas y hasta tres niveles de dificultad o gravedad. Los límites que existen dependen básicamente de la edad del niño. Estas son algunas de las señales más claras:

  • Retraso leve. El pequeño cambia con frecuencia sonidos difíciles de articular por otros que le resultan más fáciles, por ejemplo, “elo” en vez de “abuelo”. Estos cambios son conocidos como procesos de simplificación fonológicos (PSF). El nivel semántico del niño puede ser también ligeramente más escaso. Aunque lo que se refiere a la comprensión y desarrollo morfosintáctico son perfectamente normales. A nivel pragmático no se perciben dificultades especiales ni distorsiones.
  • Retraso moderado. A este nivel los procesos de simplificación fonológicos (PSF) son más numerosos y evidentes. A nivel semántico el vocabulario del niño es deficiente. La compresión de lo que quiere decir el pequeño se limita al entorno familiar cercano. El nivel morfosintáctico, es decir, lo relacionado con géneros y números, es pobre. Donde más se aprecia el grado de retraso es en la dificultad para elaborar expresiones simples, en la distorsión de artículos, así como en la escasa utilización de preposiciones. El niño muestra poca iniciativa para hablar, por eso prefiere expresarse con gestos, lo que limita su intervención en conversaciones sociales.
  • Retraso grave. A este grado el niño exhibe patrones fonológicos muy mínimos. De hecho, el repertorio de consonantes y vocales es reducido (n, m, p, t, / a, i, u), así como las estructuras de palabras (Consonante+Vocal / Consonante+Vocal+Consonante+Vocal, por ejemplo: “ma” / “mama”). Utiliza holofrases (unión de varias palabras con valor comunicativo, por ejemplo: “magua” puede significar “mamá, dame agua”) que funcionan como palabras. También se expresa de forma telegráfica (“nene gusta pan”), lo que dificultad aún más la comprensión, a menos que se conozca el contexto.

En resumen, un niño con dificultad para hablar tiene un vocabulario deficiente, cambia palabras precisas por palabras generales, le cuesta aprender nuevas palabras, repite ciertas frases con asiduidad, no se expresa mucho ni con frecuencia, las oraciones carecen de sentido, etc.

Tipos de trastorno del habla

Comunicarse es fundamental en el desarrollo humano. Esta capacidad expresiva depende, en sumo grado, del habla. Desde luego, el habla no aparece súbitamente, tiene que desarrollarse o aprenderse.

En general, el lenguaje es una capacidad compleja que, en principio, se adquiere y consolida a medida que se alcanza la madurez física y cognitiva. Está claro que, cuando hay falla en el lenguaje, es indicativo de algún trastorno del habla.

Estos son los más conocidos:

  • Disfasia (Trastorno del Lenguaje). Supone una discapacidad de compresión y expresión en el lenguaje tanto a nivel oral como en otras facetas del lenguaje escrito o de lectura. No tiene que ver con el nivel de inteligencia o desarrollo. La dificultad puede ser evolutiva o adquirida. La problemática se da en el lenguaje receptivo o en el expresivo (defectos en la comprensión o emisión del lenguaje). A este nivel el vocabulario es reducido. La estructura gramatical limitada ocasiona un discurso inferior o deficiente.
  • Dislalia (Trastorno Fonológico). Son aquellos trastornos del lenguaje oral relacionados con la articulación de las palabras. Los errores más frecuentes que ocasionan esta discapacidad son sustituir sonidos, distorsión, omisión o inserción de palabras correctas. Ciertos problemas en la lengua pueden ser la causa de la dislalia. Este tipo de problemas es habitual en la infancia, no obstante, no se considera dislalia los errores que son propios del nivel de desarrollo, siempre y cuando no interfieran con el rendimiento académico y social.
  • Disfemia o tartamudez (Trastorno de Fluidez en la Infancia). El problema se centra en la ejecución del habla, sobre todo en el ritmo y fluidez. Cuando la persona que padece esta discapacidad se expresa mediante el habla, sufre algunos bloqueos o espasmos que impiden el ritmo inteligible de la comunicación. Una persona con disfemia suele vivir con ansiedad y vergüenza, lo que repercute en su comunicación y adaptación social. El problema aparece al hablar con otra persona. No se debe a daños cerebrales o perceptivas. El trastorno suele iniciarse entre los 3 y 8 años de edad. Existen distintos subtipos de disfemia: evolutiva, benigna o persistente (cuando se vuelve crónica).
  • Disartria. Este trastorno se refiere a la dificultad que tiene una persona para articular con claridad las palabras. Es un problema neurológico que afecta la boca y los músculos encargados de emitir el habla, de modo que estos no responden correctamente. La dificultad no es tanto por los tejidos musculares (se resienten con el tiempo por su mal uso), sino debido a la forma en que se conectan los nervios.
  • Pragmático (Trastorno de la Comunicación Social). Quien lo padece no manifiesta problemas de comprensión ni problemas de articulación. Sufre una gran dificultad en la rutina práctica del lenguaje. Son frecuentes los problemas para adaptar la comunicación al contexto del momento, entender el significado implícito o metafórico de lo que se dice, regular la conversación, cambiar la manera de explicar un asunto, respetar los turnos de conversación, entre otros.
  • Disglosia. Se parece a la disartria porque ocasiona una grave dificultad a la hora de articular los sonidos que conforman el habla. El problema es más una alteración de los órganos bucofonatorios, por ejemplo, malformaciones congénitas. Los fallos en la morfología de los órganos encargados del habla son fácilmente identificables y están bien delimitados.
  • Taquifemia. Trastorno del habla que se caracteriza por hablar de forma rápida y exagerada. Debido a esto se cometen muchos errores y las palabras se pierden durante la conversación. Puede darse durante la infancia sin que exista alteración externa, si bien es característico de individuos que presentan un estado de ánimo excitado o personas con episodios maníacos y bajo el efecto de sustancias excitadoras.
  • Afasias. Es la alteración o pérdida del lenguaje en individuos adultos (en los niños es disfasia) debido a una lesión o alteración cerebral. Conforme a la estructura cerebral dañada o a su localización, los efectos en el lenguaje son diferentes. Por eso es común encontrar otras tipologías, entre las que se pueden mencionar los siguientes: afasia de broca, afasia motora transcortical, afasia de Wernicke, afasia sensorial transcortical, afasia de conducción, afasia global y la Afasia transcortical mixta.

Los trastornos del habla o la dificultad para hablar representan un serio problema que deben ser atendidos lo más pronto posible, en especial cuando los síntomas empiezan a aparecer o son muy evidentes. La correcta evaluación de cada caso, es determinante para solucionar el problema a tiempo.

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